...Bueno, el fin de semana viajé a Penco, y como era de esperarse...nos destrozamos...como siempre. Yo tenía presupuestado no tomar nunca mas desde Diciembre, cuando casi morimos atropellados en la carretera (me lo contaron, no recuerdo) .
Hoy vi los videos que grabamos cuando estábamos en plena, y puta que hablamos y hacemos weás. Uno jura que dice, o le dicen las cosas mas grandes cuando está con copete. Por un lado es bueno sentir eso aunque sea por un momento, pero por el otro lado es triste (para mi) no tener esa actitud estando "normal". Me refiero a tener el coraje de decir Te quiero, o Te amo, o simplemente expresarse, que son cosas tan necesarias a veces, tanto para uno, o para las personas que están alrededor y de hecho a veces uno ni se imagina lo vital que puede ser para alguien recibir ese cariño.
El viaje me dejó un sabor raro, ni alegría ni tristeza, ni pena ni gloria...es extraño como el tiempo no pasa por allá, todos en lo mismo, los mismo negocios de siempre, la misma gente, las mismas penas, las mismas excusas...
Pero me di cuenta de un par de cosas, por ejemplo de que mi casa es un castillo. Estamos totalmente aislados del mundo, y es una actitud que tomamos todos al llegar acá. De hecho creo que en los 6 o 7 años que llevamos en Santiago habré invitado un par de personas a mi casa, mi mamá a su amiga, mi tío a un par de amigos y....para de contar. Y es algo que me está empezando a asustar porque me estoy dando cuenta de que es como si faltara una parte de mi, que libero allá en Penco cuando viajo. Eso de creer en la amistad, o en la hermandad mejor dicho, a ciegas, y en dar todo por personas y sentirse 100% retribuido es brígido, pero es mas brígido el que eso muera acá en Santiago.
En fin creo que fue un gran error por parte de mi mamá y mi tío criarnos así, con un cierto miedo excesivo al mundo...
Me quedo con la frase (un poco modificada) que me entregó el filosofo Wladimir Morales...
"Hay que ser un perro de la calle"
